Identidad digital y vigilancia biométrica: Canadá y el Foro Económico Mundial bajo la lupa

Nuevos documentos oficiales han revelado los entresijos de la polémica colaboración entre el gobierno canadiense y el Foro Económico Mundial (WEF) para impulsar el controvertido programa de identidad digital biométrica «Known Traveller Digital Identity» (KTDI). Presentado como una solución para facilitar los viajes sin contacto y reforzar el sector turístico, el proyecto ha suscitado serias preocupaciones en torno a la privacidad, la seguridad y el alcance de la vigilancia digital.

La información, obtenida por Rebel News a través de una solicitud de acceso a la información, detalla cómo Transport Canada destinó más de 105 millones de dólares al desarrollo de esta tecnología, amparándose en los fondos del presupuesto federal de 2021. Lejos de ser una simple modernización del transporte aéreo, KTDI plantea la creación de un perfil digital único por viajero, incorporando datos sensibles como historiales académicos, bancarios y sanitarios.

Biometría como puerta de entrada al control digital

El programa KTDI fue concebido en colaboración con el WEF como parte de una estrategia global para “modernizar” el transporte internacional. Según los documentos, la oficina del entonces ministro de Transporte, Omar Alghabra, planeaba estrechar la colaboración con el WEF a través de eventos como el Stewards of Mobility durante la cumbre del Foro Internacional del Transporte de la OCDE.

En una de las comunicaciones internas, Jennifer Sully, directora de relaciones internacionales en Transport Canada, sugirió incluso que el escaño del exministro Marc Garneau en el consejo del WEF podría ser traspasado a Alghabra, confirmando así los estrechos vínculos entre Ottawa y el organismo internacional.

Pero lo más alarmante fue la respuesta institucional a preguntas legítimas del periodista David Akin, de Global News, sobre la implementación de la tecnología biométrica y sus implicaciones. En lugar de una respuesta transparente, las comunicaciones internas calificaron sus preguntas como “problemáticas”, y la mayoría de las respuestas fueron censuradas o directamente redactadas.

Privacidad en riesgo: ¿comodidad o vigilancia?

Aunque el discurso oficial vincula el KTDI con la recuperación del turismo y la eficiencia postpandémica, el proyecto se alinea más con un modelo de vigilancia digital centralizada. La comparación con el sistema de crédito social chino no es gratuita: los datos recabados y centralizados podrían ser usados, potencialmente, para limitar o condicionar libertades fundamentales, desde el acceso al transporte hasta la vida laboral o financiera.

El uso de fondos públicos para desarrollar herramientas que puedan derivar en una infraestructura permanente de control biométrico, sin un debate ciudadano abierto ni garantías claras de protección de datos, plantea serias dudas sobre la gobernanza tecnológica y la soberanía digital en Canadá.

Canadá como laboratorio de identidad digital

Este no es un caso aislado. Canadá se está convirtiendo en uno de los bancos de pruebas más avanzados en cuanto a identidad digital y credenciales electrónicas, con múltiples programas piloto desarrollados junto a organismos internacionales y grandes corporaciones tecnológicas. A medida que avanza esta agenda, expertos en derechos digitales piden establecer límites legales claros y marcos éticos que protejan la privacidad de los ciudadanos en un entorno cada vez más dependiente de la automatización y la inteligencia artificial.

Mientras tanto, organizaciones como Access Now, EFF y expertos en ciberseguridad insisten en que la implementación de tecnologías de control biométrico sin transparencia, sin control ciudadano y bajo fuerte influencia privada, representa un serio retroceso democrático.

El futuro de la identidad digital en Canadá, y por extensión en otras democracias occidentales, dependerá de si se prioriza la comodidad tecnológica o las libertades individuales.

vía: Rebel News

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